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Paisajes sonoros de la India y el tratamiento spa Karma

 

 

Como bien explica Sheema: "Nuestro cometido era simplemente sacar fotos para mi album y ver si encontrábamos algo nuevo que nos inspirase para Lush. En ese momento no teníamos ni idea de que íbamos a crear este tratamiento."

Sheema y Simon pudieron compartir sus interpretaciones y actuaciones con todos aquellos que, a cambio, tuviesen la gentileza de tocar también para ellos. Viajar por diferentes regiones de la India les permitió intercambiar creaciones musicales con intérpretes Manganiyar del desierto, escuchar el sonido de la Pulluvan Veena tocada por habitantes de la selva de Kerala y oír a cantantes clásicos, instrumentalistas y escolares. Estas experiencias marcaron profundamente a los músicos.

Sheema hace memoria: "Nos condujeron hasta el desierto de Rajasthani para una actuación tradicional y nos sentaron bajo el único árbol en varios kilómetros a la redonda, cuando de pronto empezaron a llegar músicos con sus instrumentos. Cada tribu interpretó sus propios temas tradicionales; canciones sobre su entorno, canciones que hablaban de pérdidas, de religión, de cultura y, por supuesto, canciones de amor. Grupos de músicos continuaron llegando en varios tipos de transporte a lo largo del día: se había corrido la voz y sabían que nosotros también éramos músicos."

Pero a Sheema y a Simon les interesaba también experimentar otros enfoques culturales del bienestar. Por eso decidieron recibir distintos tipos de masajes, conocer a varios perfumistas y médicos ayurvédicos, y aprender sobre teorías y prácticas ayurvédicas. Fueron estas experiencias las que moldearon gradualmente el desarrollo del tratamiento de spa Karma.

Recuerda una visita especialmente memorable a un doctor marma que le recomendó un lugareño: "Conseguimos encontrar por fin la consulta después de dar muchas vueltas, recorriendo la misma carretera una y otra vez. Tenías que cruzar un camino entre chozas, detrás de un patio terroso donde gallinas y perros deambulaban libremente. Un buen momento para hacer una revisión de los estándares de salud y seguridad... Nada más entrar, me encontré rodeada de botellas de whisky llenas de mezclas artesanales de aceites, mosquitos del tamaño de un pájaro e insectos que parecían drones. ¡Menos mal que estaba de frente y los vi llegar!

Había belleza y música en el caos. Simon lo recuerda en los pronunciados contrastes entre lo viejo y lo nuevo, lo religioso y lo secular, lo salvaje y lo refinado. "Visitamos un centro de Desarrollo Rural y Empoderamiento Femenino en Kerala, y en el espacio que ocupaba una polvorienta carretera de tierra roja de unos 800 metros que corría más allá de un lago enorme, encontramos banderas comunistas con la hoz y el martillo sobresaliendo de los arbustos de la selva, al lado de una iglesia católica de color rosa fucsia. De fondo, se podían oír los rugidos de leones de un parque nacional cercano, mezclados con un lejano llamamiento a la oración, mientras nos mostraban elaboradas hojas que las mujeres del centro habían pintado para recaudar dinero. El sol se puso mientras nos marchábamos y pudimos ver entre las siluetas de las palmeras cómo el agua del lago se convertía en un ardiente color naranja rojizo", cuenta Simon.

"Estos contrastes aparecían donde quiera que fuésemos: como cuando conocimos a Abhradita Banerjee (una virtuosa cantante bengalí) y segundos después salté a un taxi para seguirla, con Sheema en la parte trasera de su moto. O cuando nos sentamos en un barco de madera en las vías navegables de Kerala, en Alleppey, rodeados por el sonido de las lavanderas en la orilla, mientras escuchábamos música de festival que salía de altavoces enlatados y un reproductor de DVD reluciente y moderno en la cubierta abierta del barco."

Escribir y grabar música en la India con las personas que conocimos resultó ser un estudio adicional de opuestos: una enriquecedora colaboración de instrumentos folk y tecnología de estudio.

Cuando Sheema y Simon visitaron un orfanato, los niños estaban entusiasmados por ver en acción un sitar tradicional combinado con un equipo de grabación digital. También grabaron a músicos Manganiyar, que habían viajado 15 horas sin dormir para llegar a su estudio provisional en Jaipur. Dos días repletos de música estrenduosa e irrefrenable. Para algunos de los músicos era la primera vez que tocaban delante de micrófonos o usaban auriculares o incluso se sentaban los unos separados de los otros para tocar.

Encontrar la paz y la armonía entre el caos era lo que más nos llamaba la atención, y fue lo que formó la estructura de un nuevo tratamiento construido sobre la música que capturamos en India. Como Simon bien lo explica, "las rebosantes ciudades de la India, los pueblos rurales, los castros y los puestos avanzados del desierto... fuese donde fuésemos había alboroto: montones de pájaros, elefantes, niños, viajeros, pasajeros de tren, conductores de tuk tuk y vendedores ambulantes. La suciedad y el ruido y la música y la belleza y lo antiguo y lo moderno eran inseparables en su bulliciosa existencia."

"Y como un paraguas sobre todas estas tradiciones, los templos y los festivales, los principios de la salud diaria: el mantenimiento del equilibrio, de conservar el cuerpo en sintonía y de encontrar la calma entre el tumulto. Todo se relaciona con las ideas de ese equilibrio diario, de esa conciencia y de esa calma interior que el tratamiento intenta evocar."

"Se podían oír los rugidos de leones de un parque nacional cercano, mezclados con un lejano llamamiento a la oración." Simon Richmond

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