INGREDIENTE

Gel Fresco de Aloe

Aloe secundiflora

Calmante y refrescante
4
Productos con este ingrediente

Trabajamos con agricultoras de aloe de la árida región de Laikipia (Kenia), para asegurarnos de que el ingrediente sea fresco y proceda de fuentes éticas.

Descripción

Descripción

El aloe, que pertenece a la familia del lirio, crece en el desierto y es nativo del este y el sur de África. Las hojas carnosas de esta planta tienen forma afilada y aserrada, y contienen un gel muy apreciado por sus propiedades calmantes.

El aloe, cuyas propiedades curativas son muy conocidas, es uno de los remedios naturales más antiguos. Ayuda a reducir rojeces, calmar el picor y tratar las quemaduras solares, además de suavizar y proteger la piel.

El gel de aloe calma y rehidrata la piel, y está especialmente indicado para usar después de tomar el sol, ya que es un ingrediente muy efectivo para calmar la piel.

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DESTACADO

El aloe y las mujeres Masai: una historia de empoderamiento

Las duras condiciones de Kenia no impiden que las mujeres Masai subsistan por ellas mismas, cultivando aloe y desechando tradiciones negativas. La escritora de la publicación Lush Times Katie Dancey-Downs viajó hasta el país africano para conocer a las mujeres y descubrir cómo esta planta ha cambiado sus vidas.

Advertencia: este texto trata sonre temas que pueden disgustar a algunas personas.

En Twala, Laikipia, 32 chicas Masai se preparan para una ceremonia. Hay muratina, una cerveza hecha a partir de miel y raíces de aloe, preparada para los hombres y toda la comunidad está reunida. Las chicas se han vestido de negro, la ropa que se usa de forma tradicional para la mutilación genital femenina (MGF). La MGF es ilegal en Kenia, pero aun así se practica.

Las niñas de Twala, y de las áreas de alrededor, se presentan ante la multitud y cantan juntas en Maa, la lengua tradicional Masai. Su canción no tiene nada de tradicional.

“Cómprame un boli, cómprame un libro para que pueda adquirir conocimientos. No me traigas una cuchilla, no necesito que me corten”, cantan.

Sus voces son desafiantes: ¡Rechazamos la mutilación!

Para las niñas de Twala la MGF acabó en ese momento, pero ha hecho falta mucho tiempo para llegar hasta aquí.

Igualdad para las chicas

Rosemary Nenini es la coordinadora del grupo de mujeres de Twala y la principal impulsora del cambio que se ha producido en esta comunidad. Se ha encargado personalmente de conservar muchos aspectos de la cultura Masai, como las artes manuales, el uso de plantas medicinales y el estilo de vida de la comunidad, al mismo tiempo ha intentado eliminar las partes negativas de su cultura: la MGF, el matrimonio infantil y el analfabetismo de las niñas.

“Soy víctima de todas esas cosas, la MGF y todo lo demás. Por lo menos cuando me casé tuve suerte, porque me casé con un buen marido”, explica Rosemary. Su marido le permitió seguir sus estudios, que usó después para conseguir los cambios positivos.

En la comunidad, las chicas sometidas a la mutilación tenían entre 16 y 18 años, pero esa edad descendió hasta situarse entre los 10 y los 13, cuenta Rosemary. Las niñas experimentaban un auténtico Trauma, por el que también pasó Rosemary, que jamás volvió a tocar una cuchilla.

Ella cree que ahora se hace a edades más tempranas por culpa de la pobreza. Los miembros más mayores de la comunidad le dijeron que si las niñas no se sometían a la mutilación nadie querría casarse con ellas. Las chicas se veían obligadas a casarse a edades más tempranas, por eso la MGF se producía antes también.

“Antes los Masai no eran pobres, pero ahora sí hay pobreza. Así que para tener una mejor posición lo que hacen es intercambiar a las chicas por cabras, vacas y ovejas”, afirma.

Rosemary quería que las niñas fueran valoradas de la misma manera que los niños. Al comienzo de su viaje, se unió a un grupo de mujeres, que después se amplió a otros cinco para formar lo que hoy se conoce como Twala. Empezaron dedicando su tiempo a la creación de abalorios tradicionales Maasai y a la construcción de casas.

La coordinadora quería que las mujeres se opusieran a la MGF, pero las más mayores se negaban. Cuando les preguntó por qué dijeron que “es una forma de pasar de la niñez a la edad adulta”.

Así que Rosemary lo intentó de otra forma: "Vamos a posponer la MGF hasta después de la secundaria".

Todas estuvieron de acuerdo, y en 2008, las mujeres de Twala redactaron una constitución. Mientras tanto, Rosemary pensaba en el futuro y en una solución a largo plazo.

Las niñas fueron a la escuela, donde tuvieron la oportunidad de conocer a distintas personas, ampliar sus conocimientos y adquirir sus propias identidades. Cuando terminaron, se negaron a someterse a la mutilación.

En la mayoría de grupos de las comunidades cercanas, la MGF se sigue practicando, aunque no lo admitan, según cuenta Rosemary, para evitar conflictos.

Conseguir este cambio en Twala no fue fácil, sobre todo a la hora de persuadir a los hombres. Rosemary vio amenazada su vida y una década después sigue sin poder hablar de ello, los detalles son todavía demasiado dolorosos.

Cuando me cuenta la historia de las primeras chicas que rechazaron la mutilación durante la ceremonia, me quedo sin palabras. Esperaba escuchar la historia de una joven valiente, lo que no podía imaginar es que fueran 32.

Acabamos de llegar a la comunidad y nos han dado la bienvenida cantando y bailando. He podido comprobar por mí misma lo poderosas que son las voces de las mujeres, cuando cantan juntas. Su historia muestra la fuerza que tienen las personas cuando se unen y cómo las comunidades pueden apoyarse frente a las injusticias.

El aloe, una semilla del cambio

Hubo otro factor que impulsó el cambio en Twala y cambió la dinámica financiera: el aloe.

En la cultura Masai de Laikipia la mayoría del trabajo recae sobre las mujeres. Ellas son las que traen el agua, cocinan, cuidan de los animales y crían a los niños. Todo eso sin dinero propio. Los Maasai son tradicionalmente pastores, pero la degradación de la tierra, por culpa del sobrepastoreo, ha obligado a la gente a ganarse la vida de otra forma. En este paisaje árido y seco, los cultivos pueden convertirse en un auténtico reto.

Pero las mujeres de Twala tuvieron una idea: si plantaban suficiente aloe podrían venderlo a los hombres para que hicieran su propia cerveza. El aloe es la planta perfecta para las duras condiciones de la región y está muy unido a la cultura Masai, además de usarse para hacer muratina, también es muy apreciado en la medicina tradicional.

"Si la mujer está en un grupo de mujeres y gana un poco de dinero, y el hombre puede conseguir dinero por otro lado, entonces no venderán a las niñas por la pobreza, dice Rosemary, explicando por qué el aloe ha sido tan importante para perseguir la igualdad de género.

Las mujeres se acercaron a los hombres Masai y les pidieron tierras. Al principio, se negaron, pero finalmente aceptaron, dándoles algo más de 4.000 metros cuadrados para que plantásen aloe utilizando la permacultura.

El grupo pronto recibió la visita de Joseph Lentunyoi, un hombre Masai que fundó su propio centro de permacultura en Laikipia. Comenzó formando a las mujeres en estas prácticas de cultivo que trabajan con la naturaleza y ayudan a restaurar los ecosistemas. Las ideas siempre venían de las mujeres, pero Joseph aportó su experiencia técnica.

Poco tiempo después, Joseph llevó a un representante de Lush y la relación fue creciendo. Las mujeres de Twala comenzaron a vender su aloe a Lush y a otras mujeres Masai que fabrican jabón.

“La permacultura es una antigua forma de vida que dejamos de usar, tal vez debido a la influencia occidental, la educación o la religión", dice Joseph, que añade:

"Cuando empezamos a formar a los grupos de mujeres en permacultura, decían: '¡Oh, vaya! Solíamos hacer eso, pero dejamos de hacerlo. "¡Vamos a empezar de nuevo!’".

Las mujeres han tenido tanto éxito que los hombres Masai les piden ahora que cuenten con sus esposas para el grupo.

El conocimiento Masai y la permacultura

Los cambios en Twala muestran una cultura que se está transformando. Estas mujeres han rechazado elementos particulares de la cultura Masai y preservado al mismo tiempo otras tradiciones, como la elaboración de abalorios, los cantos y el estilo de vida en comunidad. Lo importante es que a medida que rechazan algunas partes de la cultura, nuevas tradiciones se hacen un hueco.

"De forma tradicional, la gente no utiliza productos químicos y la permacultura tampoco", explica Priscilla, una mujer Masai que fue contratada en 2014 para compartir sus conocimientos de permacultura con en grupo en Twala.

Priscila pudo ir a la escuela, animada por una de sus tías que había estudiado medicina en Rusia. Durante su educación, supo que tenía que regresar a su comunidad y ayudar a conseguir un cambio.

Cuando Priscila llegó por primera vez a Twala, la tierra estaba muy desgastada, y la deforestación se había hecho con todo. Ahora, trabajan en la conservación del entorno y las aves han regresado. Aquí se hace compost orgánico. Hay colmenas, hierbas y zanjas para que el agua de lluvia circule libremente, favoreciendo el crecimiento de la vegetación.

Desde el principio, las mujeres se enfrentaron a los desafíos de la fauna local. En primer lugar, un puercoespín se coló en la zona de cultivo y se comió una buena cantidad. Luego, una manada de elefantes arrasó las cosechas, pisoteando más de 100 plantas de aloe.

Utilizando los conocimientos Masai, y lo que habían aprendido de la naturaleza, el grupo encontró soluciones. Una malla de alambre impidió el regreso del puercoespín, y las colmenas oscilantes, situadas cerca de los cultivos, obligaron a los elefantes a escoger un camino distinto, además de proveer de miel a las mujeres.

Gracias al trabajo en Twala, Priscilla puede permitirse costear los estudios de sus hermanos y pagar a alguien que se ocupe del ganado de sus padres, mientras su hermanos no están.

Ideas que crecen y crecen

Twala no es el único grupo de mujeres Masai que cosecha las recompensas del aloe; otros tres grupos de la región venden su producción a Lush. El último en incorporarse es Osuguroi (que en Maa significa aloe), que lleva un año cultivando esta preciada planta.

Sentada en una colina verde, Priscilla traduce mientras las mujeres me hablan de cómo el cultivo de aloe ha ayudado a mejorar sus ingresos y su nivel de vida: ahora pueden llevar a sus hijos a la escuela.

Este grupo apenas está empezando, y las mujeres tienen grandes ambiciones y desafíos que superar. Una vez al año, los elefantes pasan por aquí, atravesando las cosechas y causando graves daños. Al igual que Twala, Osuguroi trabajará con la naturaleza para resolver estos problemas. Cuantos más ingresos generen, más podrán hacer en la granja.

Cuando viajé a Laikipia, nunca pensé que podría existir una conexión directa entre el aloe y la lucha contra la MGF. Pero sin gente como Rosemary, que ha hecho todo lo que estaba en su mano, estos cambios nunca se hubieran producido, con o sin aloe. La líder quiere que cada vez más comunidades se sumen al cambio, y está claro que su determinación la ha llevado a conseguir muhas cosas.

Echa un vistazo al nuevo vídeo de Source to Skin, donde la presentadora Kelly llega a Kenia para descubrir el viaje del aloe: de la fuente a la crema Charity Pot.

Fotos de arriba: Priscilla Senteina en Laikipia, Kenia; el aloe secundiflora crece en Laikipia; Priscilla cortando aloe en Laikipia.

Aloe secundiflora

Aloe Laikipia.txt

Esta historia demuestra lo poderosas que son las voces de las mujeres cuando cantan juntas.