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Soapbox: La sociedad del Orangután de Sumatra

Reforestando la selva de Sumatra

Escrito por Helen Buckland, directora de Sociedad del Orangután de Sumatra.

El orangután de Sumatra es una especie gravemente amenazada. Las carreteras y los cultivos de palma han sustituido a la selva donde vivían. La destrucción de su hábitat ha llevado a este simio, uno de nuestros parientes más cercanos en el reino animal, al borde de la extinción.

Cuando llegué al final del Parque Nacional Gunung Leuser me paré a observar lo que tenía delante y me encontré con filas y filas de plantaciones de palma. La tierra estaba seca y cuarteada, y reinaba un silencio absoluto, no se oía ni el canto de un pájaro. Me encontraba en uno de los lugares con más biodiversidad del planeta y el panorama era desolador.

Fui a Sumatra para visitar un nuevo proyecto con el que colaboraba la sociedad del Orangután, y no podía estar más contenta. Nuestro plan era reforestar la selva y recuperar la vegetación que algún día fue verde y abundante en la zona. No os voy a mentir: la misión parecía imposible.

De repente, pude distinguir con total claridad el sonido de una motosierra de fondo y, muy lejos de hundirme más aún, sonreí. ¿Por qué? Os preguntaréis, pues porque esa motosierra iba a destruir las plantaciones de palma. Y cuando cayó el primer árbol, no pudimos reprimir un grito de alegría.

Una de las organizaciones con las que colaboramos, El centro de información del Orangután (OIC, por sus siglas en inglés), trabajaba para recuperar 500 hectáreas de tierras del Parque Nacional, de las que se había apropiado una empresa para plantar su cultivo de palma. En ese suelo estéril, planté junto a OIC un árbol de la selva tropical llamado durio, que da el fruto favorito de los orangutanes, y deseé con todas mis fuerzas que sobreviviera.

Dos años después volví a ese lugar y me refugié del sol bajo las ramas del árbol que yo misma había plantado. Cerré los ojos y me concentré en el sonido que me rodeaba, un sonido lleno de vida. Escuchaba insectos y pájaros cantando, y el resto del equipo me habló también de una manada de elefantes que había pasado por allí el día anterior. Ahora sí, podíamos empezar a hablar de conservación.

Ya de vuelta en Reino Unido, y cuando todavía no había pasado mucho tiempo desde mi visita, recibí una llamada. El primer orangután salvaje había vuelto a ese trocito de la selva. Sonreí sentada en mi oficina, en el otro lado del mundo, y deseé que el árbol que había plantado le sirviera como zona de descanso.

Echar abajo bosques enteros para poner plantaciones en su lugar acaba con el equilibrio natural de cualquier ecosistema, además de destruir el hogar de incontables especies. Cuando deforestaron el área de bosque que hay cerca de la ciudad de Halaban, el río se secó y los agricultores locales perdieron sus cultivos. Por eso, cuando nos pusimos en marcha para repoblar el entorno original, las comunidades locales no podían estar más contentas. Orgullosas del triunfo de este proyecto, decidieron formar un grupo llamado “Protectores de Leuser” para continuar con la importante labor de proteger y restaurar esta parte del Parque Natural. Un paisaje que un día fue árido y que ahora da paso a un bosque joven, que ya es testigo de la llegada de orangutanes, elefantes, osos y otras muchas especies.

Plantar árboles para luchar contra la deforestación es un buen comienzo. Sin embargo, tenemos que asegurarnos de seguir una estrategia duradera, que ayude a proteger los bosques a largo plazo.

Cuando una empresa o grupo de personas destroza un trozo de selva para plantar cultivos, no es suficiente con colgar un cartel que advierta: zona en proceso de reforestación. Hay que hacer mucho más, es necesario asegurarse de que el bosque permanece intacto y el ecosistema equilibrado.

No importa la cantidad de árboles que plantemos, para reforestar un bosque hace falta conectar con las comunidades locales y hacer que se involucren en el proceso, para que se conviertan así en protectores y defensores frente a amenazas futuras.

Así que la labor del equipo en Sumatra va mucho más allá de lo que a primera vista pudiera parecer porque, además de repartir las semillas que se convertirán en árboles salvadores, también están sembrando algo en la comunidad, convirtiéndola en protectora del ecosistema.

Plantar un árbol es un símbolo de esperanza. En este caso, la esperanza de un futuro mejor para los bosques, las comunidades y la vida silvestre de Sumatra.

Descubre más e ímplicate: orangutans-sos.org/join
fotos: Gita Dafoe

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