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En el fondo del mar hay basura, no tesoros

Hubo un tiempo en el que el agua poco profunda del Mar Menor era cristalina y los caballitos de mar flotaban elegantes entre las praderas marinas. También los langostinos y las anguilas formaban parte de este paisaje único: la laguna más importante del litoral español. Todo eso fue antes de que la cosa se tornara gris, bueno, más bien verde; y de todos los colores menos el que debería tener el mar.

 

Un mar que no para de sumar amenazas, como la del plástico, que limpia una máquina del ayuntamiento en el muelle de la Curra del puerto de Cartagena. Mientras arrastra el mosaico de basura que flota en la superficie, los buzos de la asociación Hippocampus, dedicada al estudio y conservación del Mar Menor, se ponen sus trajes de neopreno y preparan las cámaras para fotografiar todo lo que encuentren en el fondo. A pesar del frío, están deseando que empiece la inmersión.

“Vamos a hacer un recuento genético y biológico de la flora y la fauna en el puerto”,  explica José Luis Alcaide, miembro de Hippocampus y experto buceador, que forma parte de un grupo de voluntarios que fotografía las especies de la zona para estudiarlas y clasificarlas, quieren descubrir cómo conviven peces y basura en un entorno con una contaminación “bestial, que se ve en pocos sitios”, como señala Javier Murcia Requena, también miembro de la organización y fotógrafo submarino.

Además de lo que flota, preocupa lo que esconde el agua. Por eso, 50 personas se pusieron en marcha en febrero para limpiar el fondo de la Curra, de donde rescataron 500 kilos de desperdicios, como detalla José Luis: “Sacamos ruedas, motocicletas, sillas de pescadores, un carrito de bebé, vidrios y plásticos”, que sumaron el 80% de todo lo que salió del mar. Este esfuerzo en equipo -coordinado entre la Autoridad Portuaria de Cartagena, Hippocampus, la asociación Ambiente Europeo y la empresa SGS- convenció a todos de la necesidad urgente de actuar.

Las especies marinas confunden los plásticos con comida, que se acumula en sus estómagos y tiene consecuencias desastrosas. Eso es, precisamente, lo que le pasó al cachalote que murió por una indigestión y que las olas arrastraron hasta Cabo de Palos, situado también en la costa murciana y a escasos metros del Mar Menor. El cetáceo había ingerido 29 kilos de residuos, entre bolsas de plástico, rafia, redes y hasta un bidón.

Incluso en un ambiente que parece más un vertedero que el fondo del mar, algunos peces, acostumbrados ahora a convivir con la basura, han encontrado su sitio. Es el caso de los gobios y blenios: “Hay un montón de peces que se han adaptado al cambio y se reproducen en latas y botellas de vidrio, antes lo hacían en grietas y fisuras. Ahora la basura les ha venido bien”, afirma Javier.

Los nuevos escondites han conseguido también multiplicar la población de estas especies: “Si vas a otros lugares, como las Islas Baleares o el Adriático, encuentras poblaciones minúsculas en comparación con las que hay aquí, pero es que dudo que haya sitios con esta cantidad de basura. Esto es un disparate”, continúa el fotógrafo subacuático.

Los desperdicios no son el único problema de esta albufera, también los vertidos agrícolas, que son la causa principal de que las algas hayan herido de muerte al Mar Menor, aniquilando el 85% de sus praderas marinas. El desarrollo masivo de estos organismos, que amenazan el equilibrio del ecosistema, se debe a los nitratos y exceso de nutrientes que llegan hasta el mar.

“Los vertidos que caen al agua están cargados de nitrógenos, fosfatos y potasios, alimento para las plantas marinas que crecen desmesuradamente, impidiendo que la luz llegue al fondo”, detalla José Luís, que explica también que “ya no se ven tantas especies como antes”. Lo sabe bien, lleva 11 años haciendo censos de caballitos de mar.

“El número de caballitos de mar en el Mar Menor se ha reducido en un 97% durante este tiempo. Todos los años hacemos un informe anual para ver el estado de la población”, concluye.

Ahora que el mar esconde un paisaje envuelto en plástico, donde es más común encontrar una lata de Coca-Cola que una planta de Posidonia, la educación ambiental es clave para preservar y proteger la biodiversidad marina, porque en el fondo del mar ya no hay tesoros, sino basura.

Un pez se asoma a una lata de refresco en el fondo del mar.
El número de caballitos de mar en el Mar Menor se ha reducido en un 97% en 11 años
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