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#WeTheBathers: un viaje de tristeza y alegría

Siempre he preferido las duchas, a mi madre y a mi hermana les gustaba más darse baños. En mi adolescencia me encantaba ponerme debajo del grifo, sintiendo el agua caer como si fuera la lluvia. Después, mi amor por las duchas se convirtió en una simple necesidad. Y es que pasé demasiado tiempo intentando avanzar en mi carrera profesional, lidiando con un trastorno de ansiedad y adaptándome a la vida adulta. Como puedes imaginar, relajarme o cuidarme no entraba entre mis planes.

Unos años después, pasó una cosa que me frenó en seco, por primera vez. Mi perro murió. Puede sonar insignificante para algunas personas (aunque habrá otras que lo entiendan perfectamente). Me sorprendió de una forma que no me esperaba. Antes, había experimentado momentos muy duros, mi madre murió de forma repentina en un accidente y mis abuelos habían fallecido hacía ya mucho tiempo. La diferencia es que empecé expresar mi dolor de forma pública. 

Lo recuerdo perfectamente porque había perdido muchas cosas antes, pero la muerte de nuestro perro, que siempre había estado en la familia, supuso el fin de un ciclo. Este duelo era especialmente duro porque tenía que aceptar que había perdido lo poco que me quedaba de mi madre, que había querido tanto como yo a nuestro pequeño schnauzer. Lloré como un bebé ese día. En la oficina mientras trabajaba, en el parque donde fui a comer en mi descanso, en la estación de Londres donde esperaba un tren que se retrasaba y las dos horas de trayecto a casa.

Cuando por fin llegué, inconsolable, mi novio me sugirió que me diese un baño, y eso es lo que hice. Me sumergí en la bañera y dejé que las lágrimas se mezclaran con el agua caliente, por primera vez, me quedé a solas con lo que sentía. Sería un cliché, y además bastante injusto, decir que todos mis problemas se fueron por el desagüe, pero la verdad es que esa noche pude sentir la paz de un baño caliente justo cuando lo necesitaba. 

Sigo prefiriendo ducharme la mayoría de los días, pero los baños siempre están ahí cuando me siento triste o tengo ansiedad. Siempre he sabido que el agua caliente tiene propiedades reconfortantes, pero además me he dado cuenta de lo increíblemente poderosa que es la sensación de calma. Aunque no siempre soy capaz de silenciar mi cerebro, el acto físico de abrir el grifo, escuchar el agua correr, apagar las luces y meterme en la bañera, me proporciona un descanso parecido al de un sueño reparador.     

De hecho, un estudio científico elaborado en 2018 demostró los beneficios que puede tener darse un baño de forma regular por la tarde, ayudando en el proceso de recuperación de una depresión. La investigación explica cómo el cambio de temperatura puede reforzar los ritmos circadianos del cuerpo, que determinan el funcionamiento del reloj biológico, como el sueño y la alimentación, patrones que se pueden ver alterados durante la depresión. Además, el cambio de temperatura al salir de la bañera puede ayudar a dormir mejor.

En los años que han pasado desde mi epifanía en la bañera, me he dado cuenta de que el baño no es solo una forma de terapia en el sentido emocional. He empezado a probar fragancias calmantes y deliciosas, además de aceites que dejan la piel suave. Ahora disfruto igual cambiando el color del agua con una bomba de baño, que maquillándome los ojos, por ejemplo. Me divierte. Siempre me ha gustado el maquillaje y los productos de belleza, pero he descubierto lo divertido que puede ser un buen baño, casi como un juego. Después de todo, la mayoría recordamos los baños de cuando éramos pequeños, sentados en la bañera y rodeados de juguetes. 

Ahora que ya tengo 30 años, mi bañera, que es casi sagrada, ha vuelto a sorprenderme. Mi primer sobrino llegó al mundo no hace mucho y con él un amor inmenso: un nuevo engranaje en un sistema familiar que se había roto un poco. Nunca voy a olvidar la primera vez que ayudé a mi hermana a bañarlo por primera vez. Al ver los gestos de su pequeño rostro, descubriendo la sensación del agua caliente, calmado y con interés, me reafirmé en la idea de que los baños son mucho más que higiene personal. 

Los baños son en todo el mundo un ritual espiritual y, aunque mi bañera nada tiene que ver con un hammam turco o un onsen japonés, me gusta pensar que he creado mi propia cultura del baño en estos años. Puede que incluso empiece a considerarme una persona más de bañarse.

Si te das un baño que es la bomba, compártelo usando el hashtag #WeTheBathers

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