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Soapbox: Todos somos Orlando

Lesbianas, gays, bisexuales, transexuales y todos sus amigos, familiares y aliados se vieron profundamente afectados por lo ocurrido el 12 de junio del 2016 en Orlando. Nos enfurece y nos rompe el corazón que 49 de nuestros hermanos y hermanas hayan sido asesinados por ser gays.

¿Cómo podemos comenzar a explicar este horror, superarlo y seguir adelante? Creo que las víctimas del club Pulse fueron asesinadas por una mezcla tóxica y desagradable de dos cosas: la profundamente arraigada y predominante homofobia de la sociedad americana, combinada con el acceso no restringido de los civiles a armas diseñadas para matar.

Tanto la policía como el FBI conocían a Omar Mateen. Las autoridades sabían que había agredido a su mujer. Y sin embargo, pudo entrar sin ningún problema a una tienda de armas de fuego y comprarse un rifle de asalto AR-15; un arma que, según su creador, no está pensada para un uso civil y puede llegar a disparar 800 balas por minuto. Es una locura que alguien tan lleno de odio e intolerancia pueda poseer un arma legalmente. Puedes estar en la lista del FBI y aún así ser dueño legal de un AR-15.

La Asociación Nacional del Rifle (NRA) es un poderoso grupo de presión estadounidense que obstaculiza las leyes de sentido común de portación de armas. Bloquean hasta las medidas de seguridad moderadas para el manejo de armas de fuego. E incluso tras lo ocurrido en Orlando, los activistas del grupo consiguieron convencer a los senadores republicanos de que detuviesen un importante debate sobre la posibilidad de introducir como requisito para la posesión de armas la verificación de antecedentes. Incontables políticos estadounidenses reciben fondos de la NRA para sus campañas a cambio de ser complices del horrible trabajo que lleva a cabo esta asociación.

Orlando ha abierto la posibilidad de una nueva alianza de estadounidenses aunando fuerzas para desafiar el poder de la NRA. Pocos días después del ataque en Orlando, el mayor grupo nacional de campañas LGBT de EEUU, Human Rights Campaign, anunció que el control de armas de fuego sería ahora una de sus principales prioridades en sus campañas. Mi organización, All Out, también planea trabajar con grupos de campañas de control de armas. Teniendo en cuenta su experiencia con la lucha por la igualdad de matrimonio, está claro que el colectivo LGBT estadounidense sabe cómo organizar una campaña efectiva. Juntos conseguiremos resultados.

Pero incluso si nos deshiciésemos de todas las armas de fuego en EEUU eso no resolvería el gran, profundo y complejo problema que llevó al asesinato masivo de Orlando: el odio, los prejuicios y la intolerancia que aún se tejen en la sociedad estadounidense.

Muchos estadounidenses LGBT enmudecieron al ver a la clase dirigente de los Republicanos tomarse un alto en su promulgación de leyes contra el colectivo LGBT para de pronto ofrecer sus “pensamientos y oraciones“ a todas las víctimas LGBT de violencia con armas. ¡Cuánta hipocresía!

Desde que la Corte Suprema aprobó la igualdad de matrimonio hace un año, ha habido casi 200 propuestas de ley de estados contra ciudadanos estadounidenses LGBT. Hay propuestas que directamente legitiman abiertamente la discriminación en la prestación de servicios. Permiten que tanto individuos como empresas nieguen servicios a ciudadanos de los Estados Unidos tal y como lo hacían hace 45 años con los afroamericanos. Impiden que estadounidenses utilicen los baños públicos que vayan en línea con su identidad de género. Estigmatizan, discriminan y legitiman la intolerancia y la violencia.

El odio que vimos en Orlando nació y se alimentó en EEUU. Omar Mateen fue producto del odio americano (y fue América la que le vendió el arma que hizo realidad su torcida visión del mundo). Las víctimas de Mateen necesitan ser recordadas como la consecuencia de una sociedad en la cual las raíces del odio hacia los gays son muy profundas.

Gente como Ronald Reagan, presidente de los Estados Unidos en los 80, que se quedaba cruzado de brazos mientras decenas de miles de jóvenes hombres gays morían masacrados por el SIDA. ¿Qué clase de mensaje transmitía al no darles ningún valor a las vidas de personas LGBT?

Gente como Scott Lively, cristiano evangélico, que intenta persuadir tanto a americanos como a africanos que las personas LGBT no son dignas de los derechos humanos. Fue consejero del gobierno de Uganda para la ley “mata a los gays”.

Gente como el excandidato a presidente republicano Ted Cruz, que tiene plataformas comunes con altavoces desde las cuales pide la pena de muerte para las personas LGBT.

Gente como Kim Davis, la infame funcionaria del condado de Kentucky que cree haber recibido un mensaje de Jesús que le permitía quebrantar la ley federal y negarse a expedir licencias de matrimonio a personas gays. Davis tiene ahora el apoyo de una enorme plataforma y se ha convertido en una heroína de la derecha cristiana en EEUU.

Gente como Pat McCory, gobernador de Carolina del Norte, responsable de una propuesta de ley extremadamente transfóbica que pone en riesgo la vida de las personas trans cada vez que usan baños públicos.

Gente como Tim Wildmon, presidente de la Asociación Familia Americana, valorada en 50 millones de dólares, considerado grupo discriminatorio por el Southern Poverty Law Center (“Centro legal para la pobreza sureña”). Wildom utiliza su enorme plataforma para decir: “Lo que rechazamos es la homosexualidad, que en la Biblia se define como pecado… es antinatural, inmoral, enfermizo. Puedes alabarlo y llamarlo maravilloso y decir que es lo mismo que la heterosexualidad. Pero no lo es. Sabemos que es un estilo de vida destructivo.”

Y gente como Donald Trump, que ha dicho que, de ser presidente, revertirá la igualdad de matrimonio. Una persona que, unas pocas horas después de la masacre de Orlando, no tuvo nada que decir sobre las víctimas, y se jactaba de haber tenido razón sobre los fundamentalistas islámicos y prometía prohibir la entrada de los musulmanes a EEUU.

Así que cuando retorcemos las manos y nos preguntamos qué habrá podido llevar al asesino de Orlando a cometer una masacre masiva, necesitamos recordar el papel que desempeñan en esta historia las personas que he descrito anteriormente.

Necesitamos recordar que a las personas LGBT se les ha acusado de criminales por el sistema jurídico, enfermos por los profesionales psiquiátricos y pecadores por la religión. Los políticos nos han llamado pederastas. Líderes religiosos han comparado la lucha por la igualdad con el avance del nazismo. Nuestro colectivo se ha enfrentado a constantes ataques hacia nuestra dignidad y derechos humanos básicos desde el mismísimo corazón del sistema.

¿Qué camino ha de seguir nuestro colectivo a partir de ahora?

El colectivo LGBT de alrededor de todo el mundo se ha visto profundamente afectado por lo ocurrido en Orlando. Muchos de nosotros estamos destrozados, enfadados y buscamos respuestas desesperadamente. Éste es un punto de inflexión que tiene el potencial de cambiar intrínsecamente la manera en la que luchamos por nuestros derechos.

Nuestro maravilloso, resiliente y desafiante colectivo se unió en velatorios alrededor de todo el mundo días después del ataque, mandando un mensaje de amor, compasión y solidaridad. Lloramos. Cantamos. Con orgullo y con dignidad.

Creo que nuestra solemne y justa rabia crece y se fortalece día a día y pienso que terminaremos convirtiéndola en algo realmente poderoso.

Las personas LGBT están hartas de pedir amablemente que se nos acepte como seres humanos, estamos hartos de sentir miedo de ser quienes somos, estamos hartos de sentir miedo por amar. Así que el mensaje para los que están llenos de odio debe ser: No vamos a “respetar” vuestros libros sagrados, vuestra intolerancia, vuestros disparates del tipo “ama al pecador pero no al pecado”, vuestra perpetuación de un sistema que nos trata como ciudadanos de segunda clase. Vamos a iniciar una revolución de amor. Y vamos a ganar.

Seremos cada vez más intransigentes a la hora de pedir igualdad y total aceptación para todo el mundo; ni más ni menos.

Con dignidad, desafío y orgullo, lucharemos y exigiremos el respeto y el amor que nos merecemos de nuestras familias, comunidades y naciones. Se lo debemos a todos nuestros hermanos y hermanas caídos. Y nos estamos acercando. Todos somos Orlando.

Para ver el vídeo de la grabación de la charla SOAPBOX de Matt en Lush Oxford Street pincha aquí.

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Escrito por Matt Beard

La libertad de expresión es un derecho que debemos preservar. Cedemos páginas a otros para que puedan contarnos su visión del mundo.

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