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Soapbox: El aceite de colza de Fukushima

Soy agricultor en Minamisoma, Fukushima.​

Empecé en la agricultura orgánica hace 18 años y he estado cultivando arroz y fomentando la conversación sobre el entorno natural desde entonces. Sin embargo, el desastre nuclear de 2011 en Fukushima cambió nuestras vidas para siempre, porque la radiación que contaminó el suelo nos impidió seguir con nuestro trabajo.

La zona en la que vivo, el distrito de Ota, en la ciudad de Haramachi, se encuentra a unos 20 km de la central eléctrica donde ocurrió el desastre. Muchas de las fincas arroceras de la zona han quedado desiertas. Todo el arroz cultivado en Fukushima se somete a pruebas y se pone a la venta solo cuando se confirma su seguridad. Sin embargo, debido a rumores dañinos, ya no está tan solicitado como antes.

Al principio, cuando nuestro arroz se dejó de vender, perdimos la motivación. Aunque recibíamos una compensación de la Compañía de Energía Eléctrica de Tokio, hay agricultores que no retomaron su actividad porque no pudieron encontrar la forma de volver a cultivar arroz.

El futuro no pintaba nada bien. Empezamos el proyecto de colza simplemente con la esperanza de regenerar las tierras de cultivo y reactivar la agricultura. La flor de colza tiene la capacidad de eliminar algunos materiales radioactivos del suelo y además, después se puede extraer el aceite de las semillas. Se trata de un aceite libre de contaminantes ya que los radioisótopos solubles en agua no se transfieren, por lo que puede venderse como un condimento de cocina. Aparte de todo esto, existe el potencial de generar biogás con los residuos que quedan para que la planta pueda ser utilizada para crear energía.

La idea de producir aceite de colza surgió tres meses después del desastre. Fui a visitar un centro de investigación en Tochigi, donde trabajaba un profesor que me había ayudado cuando empecé con la agricultura orgánica. Allí descubrí que la colza ya se había usado para descontaminar zonas de Ucrania tras la catástrofe de Chernóbil. Se ha demostrado científicamente que las plantas oleaginosas como el girasol, la soja y la flor de colza tienen la capacidad de eliminar algunos materiales radioactivos del suelo, impidiendo que los radioisótopos se transfieran al aceite.

Ya en Minamisoma, comencé a plantar colza en otoño. También intenté extraer el aceite yo mismo. No tenía ni idea de cómo hacerlo, cuánto extraer o cómo conseguir un aceite de mayor calidad, así que al principio invertí mucho tiempo solo en intentar averiguarlo. Cuando finalmente lo conseguí, el líquido era transparente y tenía muy buen aspecto. No puedo explicar la felicidad que sentí.

Otra cosa que me aportó la iniciativa del aceite de colza es la conexión con la gente. Después del desastre, no había demasiado movimiento en la comunidad. Los vecinos no salían mucho de casa. Yo también empecé a encerrarme en mí mismo. Sin embargo, la situación en Tochigi era completamente distinta. Cuando conocí a los agricultores orgánicos de allí, y pude hablar con unos y con otros sobre la situación que estábamos viviendo, empecé a abrirme de nuevo.

El desastre nuclear de Chernóbil ocurrió en 1986 y contaminó una zona muy amplia. Cuando conocí a Kawada, un profesor que aceptó el reto de la regeneración de la agricultura en Ucrania, y pude aprender de sus conocimientos, por fin recuperé la esperanza y las fuerzas que necesitaba para seguir adelante. Sin importar cuántas vueltas le diera, yo solo no era capaz de encontrar la respuesta, pero el hecho de intercambiar experiencias me empoderó.

En 2014 tuve la oportunidad de visitar Chernóbil. A pesar de que no puedes acercarte a la central nuclear en un radio de 30 kilómetros, y de que la situación fue muy chocante para mí, también me sorprendió ver la mejora de las tierras de cultivo contaminadas y cómo la agricultura estaba volviendo a ocupar su lugar. Para visitar la zona me acompañó un gran agricultor, que estudiaba con un profesor de la Universidad Nacional de Agricultura y Ecología de Zhytomyr, y con él aprendí el poder de la tierra y me sentí muy animado. La población local comía verduras producidas en la zona después de haber comprobado su seguridad. Y aunque las cosas no eran exactamente igual que antes del desastre, tuve la impresión de que la gente llevaba una vida normal.

Sin embargo, la mayoría de las personas que vivían allí eran ancianos. Es lo mismo que ha pasado en Minamisoma: las generaciones jóvenes con niños ya no regresan a la zona después de haber empezado una nueva vida donde fueron evacuados. En mi ciudad había un colegio de primaria con 136 niños. Ahora solo hay 53. Mantener la comunidad en estas circunstancias resultó todo un reto.

¿Cómo podemos regenerar una comunidad? Primero, tenemos que aceptar la realidad y, a partir de ahí, considerar lo que podemos hacer. Para mí, la respuesta era encontrar formas alternativas de recuperar la tierra, a través de un enfoque flexible y un método novedoso. Así surgió el proyecto de la colza.

El aceite de colza que producimos debutó en septiembre de 2014, con el nombre de "Yuna-chan". Fueron los estudiantes de la escuela secundaria local los que escogieron el nombre y el diseño del producto. En Japón, más del 90% de los aceites de cocina se producen actualmente en el extranjero, lo que aporta mucho valor a nuestro aceite, producido de forma local sin modificaciones genéticas. Por supuesto, también garantizamos su seguridad. Utilizando un dispositivo con un límite de detección bajo realizamos pruebas por lote y el resultado ha sido ND (No detectado).

El siguiente paso es aumentar la producción. El drenaje del agua es el principal desafío. También hay muchas cuestiones en las que tenemos que trabajar con urgencia, como las instalaciones agrícolas, los equipos y los recursos humanos. Sin embargo, lo que más importa es la conexión entre las personas. Quiero involucrar a los jóvenes, hacerles comprender la iniciativa y fomentar la unión más allá de las generaciones. La conexión de la agricultura con la naturaleza la convierte en todo un arte, que se está perdiendo en la sociedad actual. Mi objetivo es comunicar la belleza de la agricultura a través de la alimentación y la energía, y no se me ocurre mejor forma de hacerlo que con el aceite de colza.

Además de utilizarlo en cosmética, mi plan para el futuro es producir biocombustible para producir energía y usarla después en la extracción de petróleo. Así podremos crear un ciclo cerrado sin abusar de la naturaleza. Creo que un sistema como este nos llevará a la restauración y regeneración de la comunidad.

Escrito por Kiyoshige Sugiuchi, agricultor y director del Consejo de Regeneración Agrícola de Minamisoma.

La libertad de expresión es un derecho que merece la pena ser defendido. Nuestra tribuna da voz a otros para que puedan hablar de su visión del mundo.

Quiero involucrar a los jóvenes, hacerles comprender la iniciativa y fomentar la unión más allá de las generaciones.

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