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Reciclar es clave, pero reducir también

No podemos darnos el lujo de pensar sólo en reciclar sin cambiar nada más.¡Levántate y recicla!... (pero ¿vuélvete a acostar?). Reciclar es clave. Pero reducir también. Y debemos empezar por lo realmente prescindible. Debemos plantearnos en qué nos beneficia comprar seis plátanos en una bandeja de poliespán forrados en un film.

Muy cerca de cumplir las dos primeras décadas del cambio de milenio, nos enfrentamos a un problema que durante mucho tiempo hemos ignorado por creer que sus consecuencias no trascendían lo meramente estético. Hoy, y como resultado del espacio que ha ido ganando en la sociedad, nos vamos dando cuenta de la verdadera dimensión del impacto de las basuras marinas, que llega incluso a afectar nuestra propia salud y calidad de vida.  

Reducir y Reutilizar, las dos primeras de las conocidas como “tres erres”, parecen haber ido cediendo terreno últimamente en beneficio de la tercera. Reciclar, si bien fundamental y necesario, parece estar convirtiéndose en la única respuesta para combatir un problema que requiere un tratamiento mucho más complejo. Esa es la sensación que venimos percibiendo. Nos ha sucedido por ejemplo durante el último CONAMA (Congreso Nacional de Medio Ambiente) donde echamos de menos escuchar hablar de “Reducción” en las sesiones relacionadas con basuras marinas. La reducción es un concepto imprescindible en la ecuación de las medidas y actitudes necesarias para un cambio de rumbo en el modelo de producción y consumo.

Vivimos un momento tan interesante como complejo y contradictorio. Hablamos más que nunca de las doce millones de toneladas anuales de basuras que llegan al mar, de objetos de un solo uso, de la presencia de partículas microscópicas de plástico en la cadena trófica, en el agua del grifo y embotellada y hasta en el aire que respiramos. Hablamos de la necesidad de concienciar y educar al consumidor, de “desnudar la fruta” y de un mundo con más plásticos que peces en el mar mientras el grifo de la producción, lejos de dar signos de comenzar a cerrarse, muestra una creciente apertura creando necesidades innecesarias con una oferta de objetos y sobreempaquetado que más que atender a las verdaderas necesidades de la gente parecen solo estar ahí para crear negocio.

No podemos darnos el lujo de pensar sólo en reciclar sin cambiar nada más. ¡Levántate y recicla!... (pero ¿vuélvete a acostar?). Reciclar es clave. Pero reducir también. Y debemos empezar por lo realmente prescindible. Más allá de las normas sanitarias, algunas de ellas muy necesarias, otras discutibles, debemos plantearnos en qué nos beneficia comprar seis plátanos en una bandeja de poliespán forrados en un film. O cómo nos soluciona la vida que nos pongan unas pocas lonchas de jamón en una caja de plástico, dentro de una bolsa transparente de plástico (que muchas veces se agujerea en caja para extraer el ticket), con un precinto de seguridad de plástico que al pagar nos meten en otra bolsa de plástico con marca y logo estampado del establecimiento. Si ponemos pausa y lo analizamos detenidamente con un poco de distancia ¿tiene sentido llevar a casa más plástico que jamón? Y éste es sólo uno de muchos posibles ejemplos. Sin darnos cuenta, nuestra compra termina siendo un montón de plástico, aluminio y cartón con algo de comida dentro.

Cabe aclarar que la reducción no debe recaer solo en el consumidor, sino también ser promovida por la industria y alentada por políticas públicas. Mencionemos aquí, por ejemplo, el caso de la presencia de microesferas de plástico usadas a menudo en cosméticos, productos de belleza y cuidado personal como agentes de limpieza, agentes emulsionantes (que sirven para estabilizar el producto) o simplemente como rellenos para abaratar costes. Estos microespecíficos, apenas visibles a simple vista, fluyen directamente del desagüe del baño al sistema de alcantarillado. Las plantas de tratamiento de aguas residuales no están diseñadas para filtrar y detener estas microperlas y esa es la razón principal por la que terminan contribuyendo a  la sopa de plásticos que gira alrededor de los océanos de nuestro planeta. El consumidor no es capaz de gestionar estos residuos al usar este tipo de productos, que aún no han cambiado sus formulaciones por otras que incluyen ingredientes naturales como huesos de albaricoque molidos, avena o azúcar.

En todo tema complejo las simplificaciones pueden jugar un papel negativo. Corremos el riesgo de trasmitir un mensaje extremo que señale al consumidor como único responsable y al reciclaje como única solución. La industria, las administraciones y los consumidores debemos desarrollar un proyecto de convivencia que vaya más allá de nuestros propios intereses, sean económicos, políticos o personales. Debemos producir, legislar y consumir para la convivencia, para el bien común, ese concepto del que nos hemos alejado y que debemos recuperar si queremos asegurar nuestra supervivencia.

Daniel Rolleri
Director, Asociación Ambiente Europeo

https://ambienteeuropeo.org

 

"Reciclar, si bien fundamental y necesario, parece estar convirtiéndose en la única respuesta para combatir un problema que requiere un tratamiento mucho más complejo"

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