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Los océanos se ahogan en plástico

El gran azul se ha convertido en un paisaje dominado por el plástico: hasta 150 millones de toneladas se acumulan en la superficie de los océanos, formando enormes islas de basura.

El impacto de los desechos es cada vez más evidente, los animales quedan atrapados en la basura del mar y los microplásticos encuentran su sitio en la cadena alimentaria.

Si todo sigue igual, en 2050 habrá más plásticos que peces en el mar, según cifras de la ONU. El informe apunta que ocho millones de toneladas de plástico acaban en el mar cada año, el equivalente a un camión que vacía su carga cada minuto en el mar. Lo preocupante es que esa cifra podría aumentar a dos cargas por minuto en 2030, si no hacemos nada para evitarlo.

El problema de los microplásticos

Los microplásticos se han convertido en una fuente de controversia.

Estas microesferas, que se encuentran en exfoliantes, pastas de dientes y detergentes, son tan pequeñas que traspasan los sistemas de depuración de agua y acaban en el medio marino. Una sola ducha con uno de estos productos puede resultar en el vertido de 100.000 partículas de plástico en el océano.

Por suerte, algunos países como el Reino Unido, donde acababan en el mar hasta 680 toneladas de microplásticos, ya han prohibido el uso de estas esferas en productos cosméticos y de cuidado personal.

El gobierno británico ha redactado varias propuestas para extender la prohibición al resto de la Unión Europea, pero en pleno proceso del Brexit estas importantes proposiciones pierden fuerza.

Un mar de plásticos

En mitad del Pacífico, desde la costa oeste de América hasta Japón, se extiende el parche de basura más grande de todos los que acumulan los océanos. Una vorágine de desperdicios que se ha formado en torno a los giros oceánicos, unas corrientes circulares creadas por los patrones del viento, la rotación del planeta y la masa de tierra.

Las masas de basura están compuestas principalmente de microplásticos: partículas que antes eran bolsas de plástico, botellas y otros productos de desecho, y que el sol ha ido degradando. Un remolino de agua turbia llena de materiales que nunca se van a descomponer, donde flotan otros elementos más grandes de basura y, bajo la superficie del agua, se esconde todavía más contaminación.

Hasta hace poco, se desconocía el tamaño del área. Sin embargo, un reciente estudio aéreo muestra que el núcleo del Gran Parche de Basura del Pacífico, entre Hawaii y California, tiene una superficie superior a 300 km², unas 30 veces el tamaño de Bélgica.

Los mamíferos son incapaces de sobrevivir entre los desechos y se ahogan al quedar atrapados en redes de pesca abandonadas. La base de la cadena trófica también se ve afectada, porque la capa de plásticos de la superficie del océano bloquea los rayos de sol, impidiendo que las algas y el plancton produzcan sus propios nutrientes.

Una investigación de la Universidad de Queensland (Australia) demostró que el 50% de las tortugas marinas había ingerido bolsas de plástico, al confundirlas con medusas, su alimento habitual. Estos animales tienen en sus gargantas una especie de espinas para poder tragarse a las resbaladizas medusas, lo que significa que una vez que empiezan a comer algo, es muy complicado que puedan rechazarlo.

Plantar cara a los plásticos en los océanos

Cada vez más organizaciones de todo el mundo luchan por limpiar los océanos.

Sea Shepherd, un grupo internacional de conservación marina, organiza limpiezas regulares de las playas, ayudando a mantener la basura fuera del mar.

Sin embargo, las limpiezas van más allá de la recogida de basura; analizando los datos obtenidos, se puede indagar sobre qué artículos de plástico tienen un mayor impacto en el medioambiente, lo que esperan que pueda ser clave para conseguir que los gobiernos se impliquen.

El grupo empezó a colaborar en 2015 con 5 Gyres, una organización que trabaja limpiando el mar de plásticos mediante arrastre. Desde que ampliaron su programa, al descubrir la abundancia de microplásticos, han liberado a miles de animales atrapados en redes de pesca.

"Al ser más conscientes del daño que está causando el plástico y cambiar nuestros hábitos de gasto para comprar menos 'cosas' (cosas que no necesitamos) y optar por artículos reutilizables y ecológicos cuando necesitamos hacer compras, podemos reducir en gran medida la cantidad de residuos nocivos que terminan en los vertederos y en nuestro entorno natural", afirma Michael Beasley, portavoz de la organización, en relación al poder de influencia de los consumidores.

Su objetivo es recoger, por lo menos, tres objetos de basura al día y anima a los demás a hacer lo mismo.

La ONG medioambiental Surfers Against Sewage también está aportando su granito de arena en esta lucha.

Ffion Matthews es voluntaria y también organiza limpiezas en la playa.

Se unió al grupo después de enamorarse del surf y quería hacer algo para acabar con la gran cantidad de desechos que encuentra en el mar. "Estar en el océano es una sensación increíble, debería ser pura y servir para desintoxicarte", comenta.

Ffion, que hace un año que intenta no generar residuos, quiere que cada vez más personas sigan su ejemplo: "Si de verdad quieres actuar haz lo posible por hacerte oír, comparte con los demás lo que te preocupa. Al final no tendrán más remedio que escuchar, pero necesitamos toda la presión posible para que los gobiernos locales se impliquen y empiecen a resolver el problema".

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