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Lavanda: bajo el cielo de la provenza francesa

Hileras moradas. Julio. La Provenza francesa y un paisaje que quita la respiración.

Los campos de lavanda se extienden hasta el infinito y se pierden entre los colores del atardecer. Un mar violeta cautiva los sentidos de los turistas que, cada año, acuden a la Provenza francesa a contemplar un paisaje que se compara con pocos. Uno de aroma lila y color lavanda. Hasta allí llegan también los apicultores, que llevan las colmenas a lugares cercanos para que las abejas polinicen los campos en flor.

El aroma calmante de la lavanda y el lavandín convierte a estas plantas en ingredientes muy apreciados en la industria cosmética. Se ha comprobado que ayudan a la relajación y al descanso, además de mejorar piel y el cuero cabelludo. Por eso los hemos puesto en muchos de nuestro productos, desde burbujas de baño y jabones, hasta champús y geles.

El lavandín es un híbrido natural creado a partir del cruce de la lavanda (lavendula angustifolia) y el espliego (lavendula latifolia). Aunque es difícil de decir por su nombre, el lavandín guarda algunas diferencias con la lavanda. Su esencia es algo más penetrante y sus tallos crecen hasta los 50-60 cm, mientras que la lavanda alcanza los 30-40 cm.

También tienen muchas cosas en común. Una de ellas es su predilección por la luz. Por eso crecen en los soleados campos del mediterráneo, donde hay más de 4,000 hectáreas de lavanda y 17,000 de lavandín, la mayoría en Francia. Los Alpes de Alta Provenza, Drome y Vaucluse concentran la producción de 1.200 toneladas de estas plantas cada año.

Esta elevada cifra se explica porque una sola hectárea de cultivo es suficiente para producir 100 kg de aceite de lavandín. Y desciende a los 40 kg cuando se trata de aceite de lavanda.

Cuando cada hectárea es importante para producir los más exquisitos aceites esenciales, es importante agudizar el ingenio.

En julio de 2016, los encargados de compras Emilia y Jordan, del equipo de control de calidad, viajaron hasta la Provenza para ver de cerca los campos donde crece la lavanda que luego Lush utiliza en sus productos. Allí conocieron a un proveedor cuya empresa lleva 100 años perfeccionando los métodos de cultivo y destilación de la planta lila.

Cada año, entre marzo y abril, se plantan las semillas de lavanda y lavandín, una vez superado el riesgo de que las heladas acaben con los cultivos. Después tiene lugar la destilación, entre mediados de julio y principios de agosto. Las plantaciones permanecen en el mismo sitio durante diez años, tras ese periodo la tierra se deja en barbecho para que pueda regenerarse.

Aunque algunas tradiciones se mantienen en la zona, otras muchas han cambiado. Hoy en día, por ejemplo, los cultivos se recogen con una máquina, mientras antes se utilizaba una hoz para hacerlo a mano. Esto supone una auténtica revolución y el proveedor de Lush es capaz de obtener 500 toneladas de aceite de lavanda y lavandín de una forma más sencilla y rápida cada año. Este exquisito elixir va directo a nuestras fábricas donde se añade a muchos de tus productos favoritos.

No necesitas viajar hasta la Provenza este año, puedes darte un baño de lavanda con Sleepy.

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