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Las humildes raíces de la perfumería moderna

París siempre viene a la mente cuando pensamos en perfumes. Elegantes botellas de cristal, alta costura y casas internacionales, como Chanel, Caron y Dior. Y, lo cierto, es que el vínculo entre París y las fragancias más conocidas es innegable. Las raíces de la industria, sin embargo, son más humildes. Nada de grandes capitales del lujo: la perfumería moderna nació en la localidad francesa de Grasse.

Grasse está situada en la región de Provenza, a 18 kilómetros de Cannes y 30 de Niza. Ubicada en una colina entre el mar y la montaña, esta localidad es perfecta para cultivar flores de delicioso aroma y plantas de distinto tipo que luego se utilizan en perfumes y aceites esenciales. Durante siglos, sus estrechas calles han visto la evolución y expansión de la ciudad, famosa por su catedral en el siglo XII y que después, durante el Renacimiento, se hizo mundialmente conocida por la industria de los guantes de piel. Hasta hoy, que se ha convertido en la capital internacional del perfume.

En la localidad hay tres museos que muestran la evolución de esta ciudad medieval, su comisario, Olivier Quiquempois, explica por qué Grasse se ha convertido en sinónimo de fragancias de calidad y aceites esenciales.

“La relación entre Grasse y la perfumería viene de lejos, pero no de tan lejos. Desde el siglo XVIII existe la perfumería aquí. Antes, la industria original era la de la curtiduría”, defiende Olivier, que también añade:

“Durante el siglo XVIII aparecieron las industrias profesionales de los guantes y los perfumes. Los guantes estaban hechos a partir de pieles de animales que tenían un olor muy fuerte, por eso necesitaban perfumes para camuflar el hedor”.

La industria del curtido comenzó a decaer al mismo tiempo que la revolución industrial empezaba a tomar fuerza, anunciando un cambio radical en la vida de las personas, en los trabajos y en las formas de comprar. Grasse estaba en una situación ideal para prosperar y hacer perfumes para el mercado masivo, y así fue como en el siglo XIX se posicionó como la capital mundial de las fragancias.

Olivier aclara que esto se debió, sobre todo, a dos factores principales. El primero, el microclima único de Grasse.

“No es demasiado caluroso, ni demasiado frío. Esto permite a las plantas desarrollar, de manera óptima, todas las moléculas aromáticas que luego usamos para fabricar perfumes”, explica el experto.  

“Grasse es el lugar perfecto para cultivar ciertos tipos de flores muy apreciadas en perfumería. Un ejemplo es la rosa centifolia, que bien podría llamarse rosa de Grasse, porque no se cultiva en ningún otro sitio. También hay nardos y azahar y otras flores que solo se cultivan aquí por el tipo de tierra que hay”, continúa el experto.

Además de su agradable clima, la industria boyante de Grasse la convirtió en un referente del mundo de los perfumes. Gracias a los curtidos que se producían en la zona, Grasse ya creaba perfumes para disimular el fuerte olor de la piel de los animales. Así que cuando aumentó la demanda de fragancias, los productores iban un paso por delante y pudieron adaptar, de forma rápida, sus negocios y procesos de fabricación.

Las industrias en Grasse se desarrollaron a partir del año 1860, gracias a las innovaciones tecnológicas descubiertas por emprendedores e ingenieros. El más famoso fue Mr Schiris, que inventó una máquina para extraer ingredientes utilizando solventes, un sistema que se utilizó ampliamente hasta mediados del siglo XX.

Hubo también otras innovaciones tecnológicas a menor escala. A eso, hay que añadir las magníficas habilidades de emprendimiento de los habitantes de Grasse. Se trata de una ciudad muy abierta al comercio y al intercambio internacional. Este dinamismo comercial ha sido clave para el éxito de la industria.

La combinación de sus arraigadas raíces comerciales y el clima agradable permitieron instalar las fábricas justo al lado de los fragantes campos de flores. Lo que empezó con pequeños negocios familiares se convirtió, de forma progresiva, en grandes casas de fragancias que suministraban ingredientes y combinaciones a los perfumistas más destacados. Un pequeño número de estos productores permanecen hoy en Grasse, fabricando aceites esenciales de alta calidad, absolutos y concretos para su uso en fragancias en todo el mundo.

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