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La tierra de las rosas

Detrás de los aceites y absolutos de rosa de Isparta (Turquía) hay una larga tradición de cultivo, que ha convertido esta zona en la tierra de las rosas.

Cuando el sol empieza a ponerse, detrás de los campos de rosa de Isparta, los recolectores recorren en tractor su camino al trabajo, desde Yeşilyurt, una zona montañosa que se eleva por encima del nivel del mar, donde la brisa fresca es todo un alivio. El amanecer es el mejor momento del día para recoger las flores, cuando su aroma es más intenso.

Incluso en las primeras horas de la mañana, la naturaleza bulle en los campos. Las abejas y las mariposas se encargan de polinizar, mientras que las mariquitas mantienen las plagas a raya y, en las colinas, se pueden encontrar tortugas salvajes tomando el sol. La altitud hace que el agua sea limitada, impidiendo que crezcan frutas y verduras, pero estas rosas -la tradicional Rosa Damascena- son unas supervivientes y solo necesitan estiércol.

Estas flores se llevan cultivando aquí desde hace siglos, se cree que el Imperio Otomano las trajo desde Siria.

Sobre el terreno

Halil ha vuelto a su pueblo de origen solo para recoger rosas. La mayoría de la semana trabaja como guardia de seguridad, pero justo ahora está de vacaciones, ayudando a su madre como ya es tradición familiar. Lo primero que han hecho por la mañana es recoger las rosas de sus campos y después fueron a ayudar a un vecino.

Los recolectores experimentados, como esta familia, pueden recoger hasta 100 kg de rosas al día. Antes de llegar a la destilería, los pétalos se guardan en unos canastos de recolección, donde empiezan a fermentar y adquirir una fragancia única y especiada.

En otro campo de Senir, son las personas sirias, refugiadas en Turquía, las que recogen las rosas. La empresa para la que trabajan les paga el mismo sueldo que a los locales, ayudándoles a encontrar alojamiento para la temporada de trabajo.

"Necesitábamos trabajadores, así que los contratamos, además intentamos hacer que su situación mejore", explica Hasan Kinaci, uno de los dueños del negocio familiar que adquiere el 40% de las flores de Isparta. El padre de Hasan fundó la empresa en 1985 y, ahora, su hermano y él han tomado las riendas.

“No hacemos nada especial. Los tratamos como si fuesen de Turquía, son nuestros hermanos y hermanas también”, defiende.

La empresa ha contribuido además a la construcción de una escuela primaria, con la ayuda de Lush.

El precio del aceite de rosa, como pasa con el de otros muchos materiales, fluctúa continuamente. Hace unos años, una helada acabó con una gran parte de los campos de rosas, disparando los precios. Después, cada vez más locales se apuntaron a cultivar sus propios campos, al darse cuenta de lo lucrativo que era el negocio, por lo que el valor descendió. Si los precios siguen bajando, los agricultores menos experimentados tirarán la toalla y el ciclo continuará su curso.

La destilería de Senir

Todos los días llegan hasta la destilería de Senir dos millones de rosas, procedentes de distintos pueblos de la región. La cifra puede parecer muy elevada, pero para hacer un kilo de aceite de rosa hacen falta cerca de 1.900 flores, lo que explica su precio: 8.000 euros. Más de 3.000 agricultores traen su cosecha hasta aquí cada primavera y unas 100 personas trabajan en la fábrica para producir el aceite y el absoluto de rosa.

"El aceite de rosa se parece más a la miel y es más fuerte, pero el absoluto si es más como la rosa", dice Hasan, que añade: “Si me preguntas que me gusta más a mí, te diré que el absoluto es mi favorito”.

En el interior de la destilería un aroma dulce flota en el ambiente. Las bolsas que llegan se mandan a una cinta transportadora. El proceso de destilación por vapor hace que las rosas liberen su aceite en el agua, que después se destila por segunda vez, a lo que sigue un proceso de filtrado. El último paso consiste en hervir el líquido. En la destilería no se desperdicia ningún material: el agua se reutiliza y las flores usadas se devuelven a los agricultores, para que puedan usarlas como abono.

El negocio de las rosas es toda una tradición en Isparta, además de una de las industrias más importantes de la región. Ahora, esta empresa está creciendo, y ha empezado a construir una nueva fábrica justo al final del camino, donde se alojará el negocio en expansión. Mientras las rosaledas sigan creciendo, las tradiciones de Isparta se mantendrán vivas, unas tradiciones que no dejan fuera a nadie, y que incluyen a locales y refugiados.

The Rose Harvest A Delicate Process.txt

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