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La historia del baño

Desde rituales sagrados hasta medicina tradicional: los baños han sido desde la Antigua Grecia y el Imperio Romano una parte central de la sociedad, una actividad lúdica y una fuente de salud que ha dado vida a hamames, onsens, termas y saunas.

 

¿Qué ha significado el baño en la historia?

Los romanos pronto descubrieron los beneficios de darse un baño de forma habitual. En la época de la Antigua Grecia ya existían los baños públicos, pero solo tenían bañeras pequeñas, recipientes para los pies y vasijas para las manos. Fueron los romanos los que llenaron su imperio de grandes y lujosos recintos públicos, llamados termas. Los romanos creían que la limpieza tenía una gran influencia en la salud y la condición física e hicieron de sus baños públicos una actividad lúdica. Allí era, precisamente, donde se relajaban, socializaban e, incluso, hacían negocios. 

Los baños también tienen un papel fundamental en la medicina tradicional china. Los chinos en la antigüedad mezclaban medicinas, hierbas o flores en agua caliente para crear tratamientos terapéuticos. Además, creían que los baños podían ayudar a restaurar los niveles de Yin, la energía relajante, fluida y fría. 

Ya en la época victoriana, los médicos prescribían baños de agua fría por sus propiedades analgésicas. También como tratamiento para el insomnio y para mejorar los problemas de salud en general. En 1849, Charles Darwin afirmó haberse recuperado completamente de una enfermedad, que le producía vómitos y malestar, gracias a la cura de agua de Malvern, que consistía en sumergirse a diario en el agua mineral que discurría por Malvern Hills; según creían, la más pura y limpia de todo el Reino Unido. Estas creencias no son solo cosa del pasado. Hoy en día, los atletas son los principales defensores de los baños con agua helada, una técnica perfecta para recuperarse de las agujetas.

Otros muchos rituales de baño tradicionales continúan inspirando los spa modernos. 

El hamam, que se originó en tiempos del Imperio otomano, incluye una sauna en la que relajar el cuerpo antes de recibir un masaje, una exfoliación y un baño de agua fría. Todos los pueblos turcos tienen, al menos, un hamam. 

En las ciudades más turísticas, los resorts cuentan con lujosos hamames en sus spas. Los banyas rusos también se centran en la sauna, a la que sigue una exfoliación y un baño en una piscina de agua fría, para mejorar la circulación, reforzar el sistema inmunitario y aliviar el estrés y la fatiga. 

En Japón, los onsens o baños termales, siguen siendo un fuerte atractivo turístico. Estos baños suelen estar en el exterior y aprovechan el agua termal de origen volcánico que emana en algunas regiones. Los japoneses creen que este agua tiene propiedades curativas gracias a su gran concentración en minerales, se dice que un baño en uno de estos manantiales puede acabar con dolores y problemas en la piel.

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