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El mensaje que quiere salvar el mar

En el punto más oriental de la península, atravesamos un mar agitado por la misma tramontana que da forma al paisaje. Este viento del norte va a complicar nuestra misión de hoy: identificar delfines mulares para el proyecto Dofins de Tramuntana de Submon, con el que ha colaborado el fondo solidario Charity Pot, y que está empeñado en transmitir un mensaje que debería llegar a todos: “sin azul no hay verde”.

Cambiar nuestra relación con el océano es esencial para la conservación de las “ocho especies de cetáceos”, ballenas incluidas, que nadan por el Mediterráneo, tal y como recuerda Carla A. Chicote, jefa de este proyecto, que ya va por su segunda campaña y que está centrado en el Cabo de Creus (Gerona).

“La zona alberga una gran biodiversidad en sus fondos marinos”, explica Carla, y es que la singularidad de esta parte del Alto Ampurdán va más allá de lo que se puede ver: sus aguas esconden valles de laderas inclinadas, unos cañones submarinos sobre los que hoy navegamos. El cielo está despejado y hace mucho calor, el aire ha retrasado varias horas la salida de la embarcación, desde la que vemos alejarse las casas blancas de Cadaqués.

Vamos tras el rastro de un barco pesquero, una estela que también siguen los delfines, deseando darse un festín. Esta productiva zona del Mediterráneo “ofrece un hábitat importante para la población de delfín mular”, una especie amenazada que podría verse en peligro de extinción. Por eso, Submon quiere dar a conocer, “con la colaboración del sector pesquero”, la importancia de la zona.

Seguimos navegando, hasta que pasamos frente a un pescador que, de lejos, niega con la cabeza: él no ha visto nada y parece que hoy nosotros tampoco lo haremos. Los delfines no siempre son fáciles de localizar, por eso es importante contar con el mayor número posible de salidas. Durante la primera campaña pudieron ampliarlas gracias a la generosidad de los que compran la crema Charity Pot, cuyos beneficios se destinan a causas medioambientales como esta.

Un grupo de delfines enfrente de un barco pesquero

 En los avistamientos, el equipo fotografía las aletas de los delfines, que son como nuestras huellas dactilares. Es lo que se conoce como “fotoidentificación, una de las principales técnicas para el estudio de cetáceos”, aclara Carla, que también añade: “Las diferentes cicatrices que presentan en las aletas le otorgan una forma única a la aleta de cada individuo”.

Cuando vemos asomar una aleta blanca, desgastada por el tiempo, entendemos a Carla. Es el primer delfín que encontramos en nuestra salida, después de avistar dos atunes que nos hicieron creer que habíamos conseguido nuestro objetivo. De lejos, y cuando el sol se refleja en sus escamas plateadas, pueden ser muy parecidos.

Junto a nuestra lancha ya nadan, saltan y juegan 15 delfines, mientras Claudia Auladell, una de las fotógrafas del proyecto, lo registra todo con su cámara. Rodeados de este precioso animal, y de un paisaje que corta la respiración, es difícil no sentir la fascinación contagiosa del equipo de Submon.

Y, aunque nadie quiere irse todavía, tenemos que dejar que los delfines sigan su camino. Las normas son estrictas y no cumplirlas puede perjudicar al animal, como ya ocurre cuando se convierten en una atracción turística: “Los comportamientos del sector náutico recreativo durante algunos avistamiento, que no respetan la legislación vigente, pueden afectar también a los grupos de delfines en el caso que haya madres y crías, el grupo se separe o que el acercamiento ocasione un estrés para el grupo”, defiende la experta.

Submon colabora con los pescadores de la zona “para implicarles en la conservación” e intentar “minimizar el impacto sobre las poblaciones de cetáceos en el área”. Carla cuenta cómo utilizan las “reuniones, charlas, entrevistas personales y una campaña con material divulgativo para involucrar al sector”. La solución, según defiende, pasa por obtener unas medidas que sean “fácilmente aplicables de forma voluntaria”.

“Tráfico marítimo, polución, degradación o regresión del hábitat”... son algunas de las actividades que perjudican a los cetáceos y no solo los pescadores deben concienciarse, sino todos los usuarios del medio marino. Carla propone “integrar una cultura oceánica en nuestras acciones diarias”. Iniciativas tan sencillas como llevar una bolsa de tela, una botella de agua reutilizable o evitar el uso de pajitas pueden tener un gran impacto en el entorno.

Por el Mediterráneo nadan especies muy distintas: atunes, delfines y rorcuales, que son el segundo animal más grande del planeta, después de la ballena azul; y, si queremos que siga siendo así, debemos implicarnos todos. Hasta que eso pase, podemos contar con asociaciones como Submon, dispuestas a sacar del agua mucho más que fotos -también plásticos y malas prácticas- y empeñadas en transmitir, a toda costa, su pasión por el océano.

 

Fotografías por cortesía de Submon. Por orden, de arriba a abajo: C. Auladell y C. Chicote.

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