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El lado más oscuro del cacao

El cacao es un árbol pequeño que crece en ambientes tropicales. Eso cuando crece, porque es una planta delicada y sensible, y tan difícil de cultivar que los proveedores de esta preciada materia prima sufren grandes presiones.

En septiembre del 2000, un documental de la televisión británica denunció la desesperada situación de los trabajadores de las granjas de cacao de África Occidental. La serie Slavery del canal Channel 4 destapó el lado más oscuro de una industria en la que los más jóvenes trabajan sin recibir un salario, sin la libertad de abandonar su trabajo cuando quieran, y con miedo de ser golpeados e intimidados por sus superiores.

Una vez puesto el foco en esta dramática situación, el problema se ha vuelto cada vez más difícil de ignorar. Cada informe que sale a luz es más dramático que el anterior y evidencia condiciones de trabajo insostenibles, vinculadas con el tráfico de personas y la esclavitud.

El cacao opera en el mercado de las materias primas y está muy demandado en todo el mundo. Además es un producto que tiene un periodo muy largo de gestación, una planta de cacao empieza a dar frutos a los tres años. Por si eso fuera poco, los cultivos son también muy sensibles a los cambios de temperatura, las precipitaciones y a la salud de algunos insectos polinizadores.

Por eso, de un cultivo a otro, la cosecha puede variar mucho. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) y El Foro Internacional de los Derechos Laborales (ILRF) revelaron que, en muchas comunidades, la explotación y el trabajo infantil son prácticas extendidas. A lo largo de las costa occidental africana, en Ghana y Cote, hay comunidades enteradas forzadas a trabajar a cambio de salarios que están por debajo del umbral de la pobreza.

En la actualidad, las comunidades y las organizaciones trabajan juntas para crear un futuro justo y sostenible para la producción del cacao.

El cacao ya ha supuesto una tabla de salvación para 2.000 personas de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, en Colombia. En 1997, en medio de una zona de guerra devastada por el ejército, guerrilleros izquierdistas y paramilitares de derechas, firmaron un acuerdo de no violencia. La respuesta del estado fue retirar todo tipo de apoyo, incluyendo la red eléctrica, la electricidad, la educación y la atención médica.

En 2015, miembros de las Brigadas Internacionales de la Paz (PBI, por sus siglas en inglés) visitaron la comunidad y se sorprendieron al descubrir dos cosas. La primera, una gran pancarta blanca con los nombres de 350 miembros de la comunidad, amigos y vecinos asesinados (por la guerrilla, el ejército y los paramilitares).

Y la segunda, una hilera de 18 tartas que celebraba 18 años de éxito.

“Las personas con las que estuvimos en Colombia son héroes de carne y hueso, -explica Dan Slee, un observador voluntario de las PBI- son personas que intentan vivir en paz en mitad de un conflicto armado. Personas que permanecen junto a los miembros más vulnerables de la sociedad, y que luchan en contra de injusticias, a pesar de las amenazas de muerte, de las persecuciones y de las difamaciones”, sentencia Slee.

La comunidad ahora cultiva plátanos, aguacates, maíz, arroz, frijoles y granos de cacao para alimentarse y comerciar con ellos. Además, gracias al centro de investigación ecológica de la comunidad, han aprendido a incorporar técnicas de permacultura como la siembra de plantaciones mixtas, lo que les evita el uso de pesticidas y fertilizantes.

El cacao es también un activo muy valioso en la República Dominicana, donde 1,500 agricultores conforman la Fundación Dominicana de Productores Orgánicos (FUNDOPO), que es cada vez más numerosa. Muchos viven en regiones remotas y en zonas montañosas de difícil acceso, donde la pobreza es generalizada, y el tamaño promedio de una granja está por debajo de las dos hectáreas (una hectárea equivale a dos campos de fútbol, aproximadamente). A menudo, estas ubicaciones geográficas van unidas a técnicas de cultivo tradicionales y a plantaciones orgánicas, que se encuentran junto a otras plantas cítricas, cuyos frutos se venden en mercados locales y suponen un ingreso extra para los agricultores.

Cuando un agricultor trabaja solo en estas condiciones le resulta muy difícil obtener un precio justo por sus granos, comprar herramientas caras o mejorar las infraestructuras locales. Sin embargo, desde la creación oficial de FUNDOPO en 2007, el extra que ganan los productores por la denominación “Comercio Justo” les ha permitido financiar proyectos colectivos, construir salas comunitarias y dar forma a instalaciones para recolectar agua potable.

Es también en la República Dominicana donde tenemos un tercer proveedor de manteca de cacao orgánico: la Confederación Nacional de Productores Dominicanos de Cacao (CONACADO). Esta asociación produce una variedad de manteca sin desodorizar que desprende un intenso aroma a chocolate.

Al igual que ocurre en FUNDOPO, los 10 000 miembros de CONACADO han invertido conjuntamente los ingresos obtenidos gracias al comercio justo en instalaciones de almacenamiento, reparación de colegios y formación técnica, mejorando así la calidad de sus cosechas de cacao.

Cada comunidad productora de cacao tiene su propia historia que contar.

 

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