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El baño que limpia los sentidos

Loubna El Khadir, brand manager de Lush Spain, se crio en España y nació en Marruecos, donde visita los hammams siempre que quiere reconectar con su cultura y comunidad. Mucho más allá del simple hecho de lavarse, Loubna explica en este artículo los elaborados rituales religiosos que tienen lugar en estos baños públicos.

Una vez leí que el agua nos limpia y nos ayuda a deshacernos de la suciedad, pero a la vez nos da la vida…y me gustó.

Algo tan natural como lavarse cambia según en que parte del mundo te encuentres y hay culturas donde el agua se convierte en el epicentro de la sociedad. Como en el caso de la mía.

Nací en Tánger, Marruecos, un país donde más del 95% de la población es musulmana y practica el Islam. Aquí, religión y cultura se fusionan a través del agua y los rituales que lo acompañan.

Desde pequeña, y sin que nadie me explicara nada, me di cuenta de que las mezquitas siempre estaban situadas muy cerca de los Hammam, baños públicos. 

En aquella época eso no me decía nada, simplemente que habían decidido hacerlo así, pero cuando creces y preguntas te das cuenta que todo cobra sentido y tiene su porqué.

Antiguamente las casas no disponían de baño particular y la gente debía acudir a los baños públicos para llevar a cabo la ablución, un ritual de purificación antes del rezo cuyo propósito es limpiar el cuerpo y los sentidos tanto física como espiritualmente para llegar a la oración, salat, libre de impurezas. Aquí el agua garantiza la pureza y rezar sin haber pasado por ahí no es válido.

La ablución mayor, conocida como Ghusl, que implica un lavado más completo del cuerpo es la que se realiza en los baños públicos y la menor, wudu, en el interior de la mezquita, muchas veces en la fuente de su patio. De ahí la cercanía de mezquitas y baños públicos.

El agua es necesaria como mínimo 5 veces al día, las que deben rezar los musulmanes. Es un ritual muy riguroso en el que se va lavando el cuerpo pasando tres veces por manos, boca y nariz, cara, brazos, cabeza y orejas y finalmente pies. 

Los baños públicos se convierten así en un lugar no solo destinado a la limpieza del cuerpo sino a la relación que se crea entre las personas que acuden allí.

Aunque existen numerosos hammam en Marruecos dirigidos a los hombres, son las mujeres las que se sienten más atraídas por estos baños tradicionales y es que suponen un curioso punto de reunión para las mujeres de la misma zona o barrio.

Esto es lo que siempre ha llamado mi atención. Es un lugar donde la gente se relaciona sin importar la clase social, nacionalidad u oficio. Me gustan y atraen porque igualan y democratizan a las personas. Tal vez sea el único espacio donde te despojas de tus ropas, caras o baratas, nuevas o viejas y simplemente te entregas al ritual de limpiar en profundidad tu cuerpo y alma.

Cada vez que voy a mi ciudad, Tánger, visito un Hammam, porque hace que me conecte de nuevo con la cultura. A pesar de tener una vida muy diferente ahora, verme allí, desnuda y despojada de todo patrimonio, hace que conecte de alguna forma con todas esas mujeres. Independientemente de la realidad de cada una, me gusta ver como llenan los cubos de agua, se peinan o charlan. Suelo ir a observar y reencontrarme con mis orígenes, a mimetizarme con ellas, a purificarme. 

Los europeos cuando nos bañamos o duchamos nos aplicamos jabón y ya está. Para los marroquíes este momento es mucho más elaborado y lleva su tiempo. Algo muy común es acudir semanalmente para exfoliar la piel en profundidad y eliminar la piel muerta.

Herencia de los baños romanos, los hammam tienen una distribución parecida, compuesta por varias salas:

La primera sala es la sala tibia, donde empiezas a acostumbrarte a la temperatura cálida y donde puedes comenzar a respirar profundamente. La segunda es la sala caliente, con una temperatura mucho más alta que en la anterior y es donde se abren los poros del cuerpo para su completa limpieza. Además es aquí donde se suelen recibir los masajes. Y por último, la llamada sala fría, donde vuelves a la realidad echando agua helada por el cuerpo para que los poros, ya limpios, se cierren y quede la piel suave y tersa.

Como anécdota decir que las despedidas de soltera de las mujeres marroquíes se llevan a cabo en uno de estos baños públicos. La novia, con sus amigas y familiares, siempre mujeres, acuden juntas a limpiar y prepararla para el día de su boda. Tuve la oportunidad de ir y es simplemente mágico. No sé como ni porque pero se crea un ambiente especial, con cantos, risas, lloros. Un momento único que casi todas suelen recordar.

Nunca me olvidaré de lo que me dijo una “tephaja”, así llamamos en Tánger a las mujeres que te frotan el cuerpo entero y ayudan a lavarte “los que vivís en los países europeos os laváis todos los días pero en realidad no os limpiáis bien” y tiene razón. Aquí, la relación con el agua se basa en asearse, refrescarse o saciar la sed. Allí, como se puede apreciar, traspasa el simple hecho de fuente de vida. No solo hidrata el cuerpo sino que llega a purificar el alma.

#WeTheBathers

Escrito por Loubna El Khadir, Brand Manager de España

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