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Habas para salvar al bosque más grande del planeta

Animales majestuosos, como los jaguares y curiosos, como los tapires; un montón de insectos y un paisaje de un verde intenso, solo perturbado por el colorido plumaje de las aves que vuelan de un árbol a otro. Todo esto y mucho más se nos viene a la mente cuando pensamos en el Amazonas. Pero ¿qué hay de la deforestación? En los últimos años ha aumentado la conciencia mundial sobre el problema que sufre el bosque más grande del mundo.

En mitad de esta imponente extensión verde, las tribus indígenas cultivan un ingrediente de inmenso valor; uno que encuentras en helados, dulces y fragancias. El haba tonka, además de ofrecer un ingreso extra a los locales, ayuda a proteger los árboles de la selva tropical. El inmenso valor de estas plantaciones impide la tala para obtener madera o para establecer granjas de ganado.

El tonka es la semilla del árbol Dipteryx odorata, que puede crecer hasta alcanzar los 30 metros de altura. Sus habas, que crecen junto a otros muchos cultivos sin dañarlos, se utilizan en alimentación, cosmética y hasta en la industria farmacéutica. Estas aromáticas semillas no solo ayudan a los indígenas a obtener un ingreso extra, sino también a regenerar y proteger el bosque amazónico.

Este bosque tropical, que ocupa ocho países de latinoamérica, es el más grande del mundo y el 80% de su extensión está concentrada en Brasil. La subsistencia de millones de personas, sobre todo de tribus indígenas, depende de sus cultivos, de los que obtienen comida, recursos y medicinas. A pesar de su importancia, en los últimos 40 años se ha deforestado una quinta parte de su extensión total. En 2004, el gobierno puso en marcha una legislación para protegerlo, que ha reducido el ritmo de destrucción. Sin embargo, el control que se ejerce sobre la zona no es suficiente y la deforestación sigue arrasando el Amazonas.

En el corazón del bosque habitan los indígenas, sobre todo en las áreas más densas, que son también las más protegidas. Legalmente, solo los aborígenes pueden talar los árboles, lo que ha ayudado a que las comunidades locales crezcan.

Las reservas indígenas son en Brasil la forma más efectiva de reducir la deforestación. Los locales son los únicos que tienen derechos, permanentes y exclusivos, sobre sus tierras. Desde un punto de vista legal, está prohibida la entrada de personas ajenas a los territorios indígenas, a no ser que tengan una autorización federal del gobierno. Tampoco puede penetrar la industria, que amenazaría el equilibrio y ecosistema de la vida aborigen.

“La vegetación en esta parte del bosque es mucho más abundante que en la zona no protegida, que está repleta de monocultivos y granjas. Tanto es así, que ni siquiera parece que estés en el Amazonas, en la parte protegida puedes ver los árboles y todo lo demás, ahí es donde empieza la zona indígena”, afirma Lívia Fróes, encargada de compras de Lush, que continúa explicando cómo afectan las leyes a los indígenas:

“Los monocultivos no pueden crecer sin control en las zonas protegidas. La protección del gobierno funciona como un escudo. Nadie puede entrar ahí dentro y talar árboles por las buenas, eso solo lo pueden hacer los indígenas, la gente que legalmente vive en esas tierras”.

Sin embargo, las regulaciones no son capaces de proteger el bosque por completo. La vasta región se impone a las leyes en muchas ocasiones y las amenazas a los territorios indígenas se intensifican. Entre ellas, la tala ilegal y la extracción de oro, la construcción de represas hidroeléctricas e incluso las luchas internas de poder.  

Con el objetivo de luchar contra estos riesgos, las ONG forman a las tribus indígenas para que tengan recursos y puedan defender sus tierras.

“Los grupos indígenas son una garantía de futuro para Brasil y el mundo entero. En este país hay 252 personas indígenas -con una increíble diversidad de conocimientos sobre bosques, ríos y formas de organización- que tienen la capacidad de inspirar, no solo a las sociedades locales, sino también a las de todo el mundo”, explica Adriano Jerozolimski, de la asociación Protected Forest Association.

“Al analizar las labores de conservación que se están llevando a cabo en ríos y bosques, es fácil darse cuenta de que donde hay indígenas y gente local, hay también bosques. El papel principal de los aborígenes es conservar, e incluso fomentar, la biodiversidad de la zona”, continúa.

La clave está en ayudar a las comunidades indígenas a acceder a los mercados, para que puedan vender los productos no madereros que cosechan de forma sostenible y comprar los productos manufacturados que necesitan, y que en el pasado les han hecho depender de la sociedad externa. Las ONG tienen un papel muy importante, el de explicar a los indígenas cómo funciona la cultura capitalista y prevenirles sobre el riesgo que corren.

Los ingresos obtenidos de forma sostenible, a través de ingredientes como el haba tonka, junto al acceso a información y la vigilancia y supervisión territorial, están demostrando ser la clave para la supervivencia de la cultura indígena.

Lush obtiene las habas de tonka de diferentes comunidades situadas en la cuenca del río Xingu. Esta región sureste de la amazonía brasileña es muy importante para la biodiversidad en Brasil. Lívia explica la influencia del comercio regenerativo en la protección de los bosques y los indígenas: "El territorio de Xingu es un potente indicador de la diversidad ambiental en la Amazonía brasileña, ya que constituye uno de los conjuntos más extensos de áreas protegidas del mundo. Su diversidad ambiental es muy alta y abarca dos biomas (el Amazonas y el Cerrado), con cientos de paisajes forestales y varias comunidades con diferentes culturas e idiomas.

Kayapó es una de las tribus que recoge habas tonka y está representada por tres ONG locales: AFP, Kabu Institute y Raoni Institute (www.institutoraoni.com.br). Las ONG Kayapó, junto a otras personas locales de la cuenca del río Xingu y sus socios, participan en una innovadora denominación de origen, que se llama Origens Brasil y que está liderada por la ONG Imaflora. La venta del haba tonka, que se recoge durante la estación seca (entre junio y septiembre), ha demostrado ser un ingreso clave para las comunidades.

El tonka se recoge del suelo cuando cae de los árboles y se lleva a la tribu donde se extraen las semillas a mano. Después se dejan secar al sol y, durante el proceso, adquieren su característico color marrón. Llegado el momento, estas habas de aroma a vainilla especiada se llevan a un depósito situado en la comunidad local, desde allí se empaquetan y envían a Lush UK.  

Lush obtiene el tonka directamente de las comunidades que lo recolectan, evitando intermediarios que pueden quedarse con una buena parte de los beneficios. Además de eso, Lush paga a las comunidades locales una cantidad de dinero por adelantado, en vez de hacerlo al recibir el ingrediente. Obtener el dinero que esperan lo más rápido posible les alienta a continuar con la empresa y a cultivar el bosque. Así que la próxima vez que escojas un producto cargado de tonka, disfrútalo sabiendo que también ayudas a establecer este comercio regenerativo y sostenible en el Amazonas.

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