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Algodón orgánico: el futuro sostenible de la moda

Durante algunas semanas al año las pasarelas de todo el mundo acaparan toda la atención. La moda tiene un papel relevante para mucha gente y evoluciona con el paso del tiempo. Los expertos piden ahora a los que marcan tendencias que dejen a un lado la moda rápida para centrarse en nuevos diseños sostenibles. Cada vez más marcas defienden una industria diferente, donde cada prenda tiene una historia que contar.

No son pocas las veces que damos la vuelta a un jersey para comprobar su etiqueta. ¿Se puede meter a la lavadora? ¿Cuál es la temperatura ideal? Y es lo lógico, nos interesa saber cuál es la mejor manera de cuidar una prenda, lo que no nos importa tanto es saber de dónde vienen sus materiales. La experta en sostenibilidad, Lisa Heinze, quiere hacer lo posible por conseguir que las cosas cambien.

“Una vez que empezamos a pensar en las prendas no solo como prendas, sino como una colección de historias sobre la gente que las ha creado, todo cambia”, afirma la experta.

Este nuevo enfoque puede ayudar a pensar en la industria de la moda de una manera más consciente, despertando el interés de los consumidores por todos los procesos que llevan a la fabricación de una prenda y si se ha creado de manera justa y respetuosa tanto con las personas como con el medioambiente.

“Solo conociendo un poco las historias de cada prenda podemos llegar a apreciar el tiempo y el esfuerzo que las personas ponen en hacer la ropa que llevamos todos los días”, dice Lisa.

La contaminación del agua, la seguridad de los trabajadores y los residuos que generan las prendas son solo algunos de los problemas sociales y medioambientales que provoca la industria de la moda, tal y como explica la experta en sostenibilidad. Unas cuestiones que se ven agravadas por una industria que es cada vez más rápida.

Según el Programa de Acción de Residuos y Recursos (WRAP, por sus siglas en inglés), el 30% de los textiles del Reino Unido acaban en los vertederos.

El consumo de agua es otro de los problemas principales, según la organización medioambiental Fondo Mundial de la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) se necesitan cerca de 2.700 litros de agua para hacer una sola camiseta. La respuesta podría estar en el aumento de prácticas agrícolas sostenibles que ayudarían a reducir presiones, además de ralentizar el ritmo de la industria.

La moda es la segunda industria más contaminante del mundo, solo por detrás de la del petróleo, según recoge Safia Minney en su libro Slow Fashion. Alrededor de 350.000 toneladas de ropa usada acaban en los vertederos del Reino Unido cada año o, lo que es lo mismo, un equivalente a 100 millones de libras (más de 113 millones de euros).

La historia del algodón orgánico

La ética no es un material que suela formar parte de la ropa. Las etiquetas que acompañan a cada prenda no dan muchas pistas sobre las condiciones en las que se han creado. En la mayoría de los casos solo conocemos el país de fabricación, el resto de la historia es una página en blanco.

En una granja orgánica en Indore el suelo negro es la base perfecta para el algodón. En algunas áreas de la India, como esta, los agricultores reciben subsidios del gobierno para cultivar algodón orgánico. Se les proporciona, de forma gratuita, electricidad y agua, además de alimentos básicos. Ayudas muy necesarias, teniendo en cuenta que tienen que pasar cuatro años para transformar un suelo en orgánico.

Cada agricultor conoce bien su tierra. Después de recoger agua del río Namala, algunos inundan la tierra, otros la riegan por goteo y hay quien usa los pies descalzos para comprobar los niveles de saturación. Cada 15 días, se pulveriza sobre los cultivos una mezcla triturada de hojas de Neem y agua, que actúa como un pesticida natural. 120 días después, el algodón está listo para ser recogido.

Entre septiembre y noviembre llega la época de la recolección y seis personas recogen el algodón durante ocho días, en una granja de unas cuatro hectáreas.

Cuando ya no queda algodón en la tierra, aparece la judía mungo, también conocida como soja verde, y el gandul, otra judía parecida a un guisante. Estos y otros cultivos mantienen los nutrientes de la tierra, como el nitrógeno, y actúan como una fuente alternativa de ingresos y de sustento. A lo largo del año crecen guindillas, trigo y caña de azúcar, que tienen un papel clave en la agricultura orgánica, como el resto de biodiversidad.

Una vez almacenado, el algodón llega a las mujeres que, sentadas entre montañas de esta mullida fibra, desechan aquella que está dañada o no ha crecido lo suficiente. Después separan las semillas y se acondiciona el algodón mediante diferentes máquinas para pasar finalmente a la hiladora.

El proceso de cultivo orgánico proporciona un trato más justo a las personas y al planeta.

La ropa sostenible está de moda

Cada vez son más las marcas que fomentan las prácticas éticas en la fabricación de ropa, sobre todo porque producir moda de forma sostenible se ha convertido en tendencia.

Lisa Heinze cree que estos esfuerzos no son suficientes. La experta defiende una industria donde la ética se convierta en la opción principal, no solo en una alternativa. A través de la conciencia y la formación, los consumidores pueden llegar a ser el motor del cambio.

“Cuando compramos prendas sostenible mandamos un mensaje a las marcas. Es algo así como decir que nos importa el planeta y la vida de las personas que cultivan algodón y hacen nuestra ropa”, explica Lisa.

La experta piensa que es mejor adquirir menos prendas, pero de más calidad “para el eliminar así el ciclo de moda rápida”.

No todo el poder está en manos de los consumidores, también la industria de la moda debe impulsar la transformación. El primer paso es hacer un seguimiento de toda la cadena de suministro para comprender cada parte del proceso.

Lisa hace hincapié en que consumidores, diseñadores, vendedores y activistas deben compartir la responsabilidad para conseguir que la industria de la moda sea sostenible.

Moda sostenible en la práctica

Mientras las prendas pasan de los armarios a los vertederos, algunas empresas ya trabajan para incorporar la sostenibilidad a los procesos de producción.

WRAP ha lanzado el Plan de Acción de Ropa Sostenible para minimizar el impacto ambiental que provocan las prendas. Los objetivos fijados para 2020 son tan ambiciosos como optimistas, e incluyen la reducción de residuos en los vertederos, de la huella hídrica y la de carbono en un 15%. Más de 80 organizaciones se han unido de forma voluntaria a esta iniciativa.

Safia Minney es también fundadora de People Tree, una marca que se toma muy en serio el desarrollo sostenible. El sueño de Minney, autora de Slow Fashion, era producir moda respetuosa con el medioambiente y alejada de prácticas como el trabajo infantil, la explotación o los trabajos forzosos. Todos sus anhelos se cumplieron y de sus prendas cuelgan ahora etiquetas con el distintivo “100 % algodón de comercio justo”, eso se traduce en un aumento del 30 % en el sueldo de los agricultores. Y la labor de la marca no acaba ahí, también ha ayudado a construir instalaciones de agua potable, escuelas y bancos de semillas para los locales.

Otra importante firma ecológica es Dirty Velvet, que trabaja para dar forma a un negocio que sea rentable y respetuoso con el medioambiente, esa es la razón principal por la que sus productos están hechos de algodón 100% orgánico.

“Obtener beneficios a costa de tu propio ecosistema no tiene ningún sentido. Eso no son ganancias reales. Para notrosos es una obviedad, pero no todo el mundo piensa igual”, explica Mark Hurst, director de la marca.

Para que cada vez más gente piense como Mark y su equipo, “debe haber un impulso creado desde arriba hacia abajo y una demanda desde abajo hacia arriba", defiende el directivo.

En el típico modelo lineal de la industria de la moda, el algodón crece, se transforma en ropa, se usa y después se tira. Para combatir este proceso cada vez más empresas se están pasando a un modelo circular, donde las prendas que ya no se necesitan se transforman en algo completamente nuevo. Estos pequeños pasos ayudan a reducir de forma considerable la ropa que acaba en el vertedero y a aliviar las presiones sobre la industria del algodón.

Las marcas se están viendo obligadas a escuchar a los consumidores, todo gracias a grupos que animan a la gente a preguntarse de dónde viene su ropa. Es el caso de la ONG Fashion Revolution, que hace poco lanzó la campaña ¿Quién ha hecho mi ropa? que insta a los consumidores a abrir un debate público con las marcas que deje claro la historia que hay detrás de cada prenda. Con la información en la mano cada uno puede decidir cómo se siente con determinadas prácticas.

Algunos marcas ya han iniciado la marcha para conseguir que la moda sea una industria más sostenible, sin embargo el camino por recorrer es todavía muy largo.

Las historias que hay detrás de cada prenda de ropa pueden convertirse en piezas clave que ayuden a lograr un cambio y, como dice Lisa Heinze, “todas y cada una de las prendas que usamos han pasado por varias manos”, eso son muchas historias que contar.

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